—Es cierto —respondió con frialdad, sin dejar lugar a la duda.
—Regina, yo no sabía…
—Mientras tú estabas con tu amiga, yo estaba sola en un hospital, perdiendo a nuestro hijo —lo interrumpió con su voz cargada de frialdad y resentimiento. No quería escuchar sus estúpidas justificaciones.
El dolor que sentía Nicolás era profundo, se sentía como un imbécil, un idiota que había hecho la peor elección de su vida. Lo último que hubiese querido era que Regina pasara por algo así y estando sola.
—¿C