Regina salió del tribunal, sintiendo el aire más fresco y menos contaminado, como si el mundo hubiera recuperado su pureza de un momento a otro. Sus pasos se detuvieron e inspiró profundamente, llenando sus pulmones del dulce aroma de la libertad.
Una sonrisa amplia se extendió por sus labios.
Era libre.
Finalmente, era libre.
No podía creerlo.
Con energías renovadas, se dirigió a su trabajo.
Su sonrisa era contagiosa, mientras se adentraba a los pasillos de la empresa.
Sus compañeros, quienes