La ira de Regina crecía y crecía más con cada segundo que pasaba escuchando el relato de su abogado.
No podía creer que Nicolás hubiera destruido el documento de divorcio, convirtiéndolo en pedacitos y lanzándoselo al hombre a la cara.
¿A qué demonios estaba jugando este imbécil?
Se sentía tan exasperada. Su sangre hervía y consideraba todo esto una falta de respeto inaceptable. Al parecer, Nicolás Davies no era más que una persona inmadura que no hacía otra cosa que reafirmarle que la decisión