El resto de la visita fue una tortura. Regina no podía dejar de mirarlos, sintiendo que esa mujer era demasiado hipócrita.
Observaba su imagen de cordero indefenso y sentía una mezcla de asco y frustración.
Si Nicolás hubiera entrado un segundo antes, se hubiera dado cuenta de las palabras cargadas de veneno que le había soltado estando a solas, pero la mujer era demasiado astuta, aun estando enferma y convaleciente.
Sentía una imperiosa necesidad de contarle la verdad a su marido, de desenmasc