—¡Estuviste fabulosa, Regina!
No paraba de decir Ismael, mientras abrían la puerta del auto. Su sonrisa era contagiosa, tanto que se encontró a sí misma sonriendo sin parar, tratando de ignorar el momento incómodo que habían tenido con Nicolás instantes antes.
—¡Realmente los dejaste a todos sin aliento!
—Gracias, Ismael. No sé qué habría hecho sin tu apoyo hoy —la verdad era que le gustaba muchísimo que hubiera decidido acompañarla. Parecía que era el único aliado que le quedaba en el mundo y