Cada día que pasaba, la fecha de la boda se acercaba, y con ella, se acercaba la culminación de su plan, o eso había creído en un principio, puesto que nuevamente todo se vio frustrado por el destino.
Su idea había sido un matrimonio corto, luego un divorcio tranquilo y, por último, la repartición de los bienes, mitad y mitad.
Tampoco dejaría a Regina sin nada, sabiendo que la mujer estaba acostumbrada a una vida cómoda.
Ella, cegada por el amor, no había siquiera considerado el hecho de crear