Pero ahora, tirado en medio de ese callejón, se daba cuenta de que de nada había servido su meticulosa planeación. Todo había sido derrumbado por un cruel giro del destino.
Guillermo Stirling, el patriarca de esa infame familia, no había caído por sus manos. Un "viejo decrépito", como lo recordaba, se había marchado de este mundo por culpa de una enfermedad pulmonar, rodeado de sus seres queridos y siendo adorado por su única nieta.
Y Máximo Stirling, también había evadido su ira, muriendo jun