Regina tragó saliva.
Se encontraba frente a la cafetería en la que había pactado verse con Ismael.
Miró por el cristal de la ventana y entonces comprobó que su cita ya se encontraba ocupando una mesa del sitio.
—¡Ay Dios! —gimió, sintiéndose repentinamente nerviosa.
Para empeorar su malestar, el hombre alzó la mirada en ese preciso instante y entonces la miró.
El gesto de saludo que le dedicó fue tímidamente correspondido, al tiempo en que entraba al local y se dirigía a la mesa predispuesta pa