Regina bufó.
Sus labios a punto de remedar las palabras de Nicolás.
¿En serio pensaba que iba a poder casarse con esa mujer?
«¡Qué tonto era!», pensó viéndolo marchar en compañía de Alicia.
El hombre caminaba con pasos largos y furiosos, mientras sus hombros se mostraban tan rígidos que parecían dos pedazos de metal. A su lado, iba su amante tan pegada a él que parecía una sanguijuela invasiva.
Sintió una especie de malestar invadirla al observarlos, Alicia no perdía oportunidad de rozar s