Xavier se quedó mirando la nota clavada en su tablón hasta que las palabras empezaron a difuminarse.
HAS TRAÍDO EL FUEGO BAJO TU TECHO. MANTÉNLA CERCA Y LO PAGARÁS CARO.
Excepto que ella ya no estaba bajo su techo. Kimberly se había ido a casa ayer y la casa segura parecía más vacía sin ella. Lo cual era una tontería. Apenas conocía ya a aquella mujer. Cuatro años de silencio deberían haber acabado con lo que hubieran tenido.
Deberían.
Se frotó la sien, donde empezaba a sentir aquel familiar dolor punzante. El frasco de sus medicinas estaba sobre la mesa, sin tapón, burlándose de él. Ya se había tomado dos pastillas esa mañana. Tomar más solo le aturdiría, y necesitaba estar lúcido.
—Tienes muy mal aspecto —dijo Arturo, dejando caer una gruesa carpeta sobre el escritorio y una taza de café junto a ella.
—Buenas tardes a ti también.
—Son las cinco de la tarde. No hay nada bueno en eso. —Arturo se dejó caer en la silla frente a él, con un aspecto irritantemente alerta para alguien que p