El viaje de vuelta a Somerset Hills le pareció que duró diez horas en lugar de dos. Kimberly miró por la ventana, observando cómo el paisaje se difuminaba en tonos verdes y grises a medida que el coche avanzaba a toda velocidad. Las palabras de su madre seguían resonando en su cabeza una y otra vez.
Tenías una hermana.
Solo tres palabras, pero habían conseguido trastocar por completo su visión de la vida.
Tasha conducía en silencio. Sabía que Kimberly necesitaba espacio para procesar y analizar