«O querían asustarla para que no indagara en algo». Xavier apretó la mandíbula. «Vuelve a poner las imágenes del sótano. Antes de que entrásemos. Quiero ver exactamente cómo la trataban, qué le decían».
Arturo abrió el vídeo en su tableta. Las imágenes eran borrosas, grabadas por una cámara de seguridad situada en una esquina de la bodega. Kimberly estaba sentada en el suelo, con las muñecas atadas, y dos guardias jugaban a las cartas cerca de ella.
«El audio no es muy bueno», dijo Arturo, ajustando la configuración. «Pero puedo limpiarlo».
Lo vieron en silencio. Los guardias ignoraban en gran medida a Kimberly y hablaban entre ellos en voz baja. Entonces, uno de ellos recibió una llamada telefónica.
Arturo mejoró el audio, filtrando el ruido de fondo.
«... confirmado. El jefe quiere confirmación antes del pago final...».
«¿Qué pasa con la foto?».
«Apenas está consciente. Espera hasta...».
La estática distorsionó el resto. Entonces, el guardia colgó y se volvió hacia su compañero. «Ca