William retrocedió completamente aterrado.
Mientras daba pasos hacia atrás, comenzó a hablar, tratando de convencerse:
—¡No puede ser! ¿No era solo un problema leve del corazón? Esto tiene que ser falso... ¡sí, seguro es falso!
Levantó la cabeza, apretando los dientes mientras gritaba:
—¡Amelia, ¿dónde conseguiste este muñeco tan realista? Parece increíblemente auténtico.
Sin embargo, su mirada vacilante lo delató.
Él sabía la verdad. Sabía que la niña en esa camilla era en verdad su hija.
Pero