Según lo que me contó Marcelo, cuando llegaron para llevarse a William para ser investigado, él reaccionó como un loco, tirándose al piso de rodillas mientras suplicaba desesperadamente por un poco más de tiempo.
William había solicitado una prueba de paternidad.
Pidió un resultado urgente.
Cuando le entregaron el informe, confirmando con un 99% de certeza que la niña era su hija biológica, William cayó al suelo, destrozado, sollozando lleno de arrepentimiento y desesperación.
—¡Hija! ¡Mi hija!