Capítulo 119 El hombre que lo pierde todo
Lissandro no había dormido bien desde el día que se enfermo la niña y después de la muerte de Gaspar menos.
En realidad, ni siquiera podía llamar sueño a lo que le pasaba. Cerraba los ojos, el cuerpo se apagaba por ratos, pero la cabeza seguía encendida, girando siempre alrededor del mismo dolor. Ofelia. La niña. El contrato. La mentira. El abuelo. Todo mezclado como un nudo que ya no sabía por dónde desatar.
Cuando el avión aterrizó en São Paulo,