CAPÍTULO 263 La niña de las dos patrias
Alessandra Giménez cumplía diez años.
Y, como pasaba desde que tenía memoria, la casa Monteiro amaneció distinta.
No solo por los globos blancos, dorados y rojos que Ofelia había elegido con cuidado. No solo por la mesa dulce preparada en el jardín, ni por las pequeñas guitarras decorativas que Franco había mandado hacer para las sorpresitas.
Era distinta porque Alessandra se despertó más grande.
Ofelia lo sintió apenas la vio entrar a la cocina.