Capítulo 120 Por ambición perdimos todo
El despacho de Ernesto estaba en silencio.
De esos que no calman… aprietan
Un silencio tan tenso y pesado que parecía que el aire mismo acompañaba esa sensación de no poder respirar, como si todo se volviera asfixiante, porque ese silencio no calmaba nada… ese silencio apretaba, apretaba el cuello, apretaba la garganta, apretaba el cuerpo.
La puerta se cerró detrás de Valentina con un golpe seco.
Ella no entendía del todo por qué la había hech