Ofelia se levantó y se quedó unos segundos mirando por la ventana. El silencio ya no dolía como antes. Dolía distinto. Más afilado y lúcido. La verdad, ella pensó que ese día era mejor no haberse levantado. Pero bueno, ya estaba. Había descubierto una verdad que en sí le dolía, pero ahora lo único que quería era vengarse.Y lo que se le ocurrió era lo que quería hacer. Estaba segura. No le importaba quién iba a ser el susodicho, pero ella se iba a casar sí o sí antes que Luis, y lo iba a dejar en ridículo.Fue hasta el dormitorio y abrió el ropero. Movió perchas, corrió vestidos que había usado varias veces, prendas neutras, seguras, esas que Luis aprobaba sin entusiasmo pero sin quejarse. Y entonces lo vio.El vestido rojo.Lo había diseñado hacía más de un año. Terminó el vestido una noche de insomnio, cuando todavía creía que su vida iba en la dirección correcta. Lo había guardado ahí, cubierto con una funda, como si fuera un pecado. Luis no lo había visto nunca. A Luis no le gusta
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