CAPÍTULO 255 El guardián de la cuna
Alessandra llegó al hospital al otro día con un peluche abrazado contra el pecho.
Era un perrito pequeño, de orejas caídas y una manchita marrón alrededor de un ojo. Tenía una expresión tierna, como si también estuviera nervioso por conocer al bebé.
Franco lo había comprado con ella esa mañana.
O, mejor dicho, ella lo había elegido y Franco se lo había comprado sin discutir.
Renata le había dicho que podían llevarle algo bonito a Lorenzo, algo que él pud