Isabella todavía estaba en el parque, sentada en el mismo columpio con la tía Anita. El sol se iba escondiendo, y el suave susurro de las hojas se mezclaba con la risa de los niños jugando cerca.
Después de charlar un rato, la tía Anita sugirió que regresaran. Pero cuando se levantaron para irse, Isabella vio a Samantha cruzando el parque.
—¡Samantha! —llamó Isabella.
Su amiga se giró, sorprendida. —¡Bella! ¿Estás aquí? ¡Justo iba a visitarte!
—Perfecto. Yo también me dirigía a casa —dijo Isabe