6. Devoción
Vasya movió las caderas apenas, un giro pequeño, impaciente y él gruñó, apretando los dientes.
—No te muevas —susurró—. Déjame sentirte... solo un segundo más.
Ella obedeció, aunque le costó. Sus muslos temblaron alrededor de su cintura, sus dedos se clavaron más hondo. Zinoviy cerró los ojos y se volvió loco de deseo perdiéndose en la sensación de ella abierta por completo, empapada, palpitando alrededor de él, con la respiración caliente contra su oreja.
Luego abrió los ojos y la miró, en ese