51. Únicamente mío, señor Ricci
—Soy tu esposa, ¿Esto es real o el día que me convencí de ir a ese lugar en busca de sexo me emborraché y aún no despierto?
—¿Fuiste a buscar sexo? —gruñó él.
Polina estalló en una risa sentimental.
—Sí, fui ahí porque me dejaste jodidamente caliente cuando te vi peleando con Damiano sin camisa, necesitaba calmarme de una manera, tú no me la ponías fácil —susurró en sus labios antes de mordisquearlo juguetona.
—Eso jodidamente no va a volver a pasar —gruñó de nuevo en sus labios para que solo el