33. Tu sucio secreto
Después de eso, Valerik la había llevado cargada de vuelta a la cama y esta vez Rashel no puso ninguna resistencia, sus labios volvieron a besarla, sus manos la desnudaron y volvieron a perderse el uno en el otro desatando la pasión que había entre ambos ardiendo profundamente hasta saciarse.
Ella se acostó entre sus brazos olvidándose del mundo exterior. Se apoyó contra su pecho y se quedó profundamente dormida.
A la mañana siguiente una sonrisa se extendió por sus labios al darse cuenta de que