33. Aprenderás a amarme
Cuándo despertó apenas pudo adaptarse a la luz del lugar, sintió un par de cadenas frías, ciñéndose a sus muñecas y a sus tobillos. El miedo del recuerdo de haber sido secuestrada a la golpeó, queriendo apartar el dolor de su cuerpo.
Enseguida abrió los ojos, mirando el lugar, aturdida y asustado, al mismo tiempo.
Las lágrimas se remaron en sus párpados, mientras pensaba una y otra vez en su bebé, temía que hubiera sido lastimada por algún motivo.
Su garganta estaba seca. Pronto de un vistazo a