32. A ambos
Marco estaba fuera de control dando órdenes a todos sus hombres.
Necesitaba desesperadamente saber que Polina estaba a salvo o estaba a punto de volverse loco.
Ya había movilizado a sus hombres dándole órdenes precisas.
—Rastrea el maldito teléfono de Diego, ¡Revisen la jodida empresa y ese lugar donde le gusta desayunar!
—Papá, cálmate. La encontraremos.
—Me calmaré cuando la vea aquí conmigo. ¡Envíame ahora la última ubicación, Dante!
—Señor, estoy revisando las cámaras de la calle y Gregor ta