233. La dulzura de su boca
—¡Valerik! M****a, m****a —rugió Dimitry desesperado—. ¡Entra en la casa, Satarah!
Él planeaba cubrir a Valerik pero no podía hacerlo si ella seguía allí.
Tarah estaba a punto de irse pero de reojo se percató de un movimiento inusual.
Parecía como si ya no quedaran más enemigos pero ella vio el momento en el que un arma se asomó y antes de disparar.
Sin vacilar, Tarah envolvió su brazo alrededor del cuello de Dimitry y se empujó hacia atrás para que el disparo no los alcanzara a ninguno de l