215. No toques a mi esposo
Sus ojos ardían y sus dedos volaban por el teclado. No había dejado de trabajar y Anastasya seguía hablando pero ni siquiera estaba escuchándola.
Mucho menos cuando se levantó de su silla y vino en su dirección.
—¡Mira esto!
Ella colocó su laptop al lado de la suya y Dimitry clavó la mirada allí.
Ahmeti como había sospechado era tan imbécil, como para repartir las armas en su distintas guaridas a sus hombres sin revisarlas. Ahora tenían todas las ubicaciones, porque la que había conseguido Anas