192. No intentes seducirme
—Dimitry, nuestra hija está corriendo por allí, y en cualquier momento puede volver —Señaló Satarah para que lo recordara.
Sin embargo, Dimitry no detuvo sus pasos yendo en su dirección, sus ojos fijos en los suyos devorándola con una intensidad sobrecogedora que ocasionó que ella se estremeciera por completo.
La complicidad entre ellos es palpable, al igual que la seducción que se extiende en el ambiente como un lenguaje secreto. El calor de la intimidad estaba haciendo que se quemara haciéndo