162. No quiero que seas bueno
Satarah suspiró echando la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados, dejó escapar un gemido por lo bajo amando la sensación de sus dedos sobre su cabeza.
—Eso se siente increíble —murmuró y después escuchó su risa calentando su corazón.
Inevitablemente sonrió por aquel momento que estaban compartiendo.
Nunca, ni en sus mejores sueños hubiera imaginado compartir algo así junto a Dimitry.
—Jamás imaginé que pudieras hablarme de esta manera, que tú fueras tan... dulce.
—¿Dulce? No digas eso frente