150. Dame tu permiso
Metisy tomó su barbilla alzándola y su toque la asqueó pero Natalya luchó para mantenerse calmada, si él notaba su debilidad estaba segura que la aprovecharía.
—Tienes garra, me gusta. Bueno, seguirás todas mis indicaciones. Vas a follártelo y fingirás que te guste, ¿O quizás ya lo hace?
—¡¿Te volviste loco, maldito sádico?! —rugió Gian.
Lya se estremeció desencajada por lo que acababa de decirle sintiendo como cada parte de su cuerpo se tensaba.
Las palabras se quedaron por un momento atascadas