113. Intensidad enfermiza
Una de sus manos grandes sujetó su mentón con firmeza, obligándola a mirarlo, para que no hubiera ni la más mínima posibilidad de que ella no lo escuchara.
—Hace cinco años, cuando te llevé a la clínica para presentarte como mi esposa a mis aliados y después de que te fueras, perdí el conocimiento por la pérdida de sangre. Me quedé paralizando cuando te vi irte con los hombres de tu padre y el dolor físico no fue lo que sentí.
Vasya se quedó sin aliento no solo por escuchar sus palabras sino po