110. Sigo enamorada de él
Llegó a la habitación que había pedido que le asignaran anteriormente y abrió la puerta con manos temblorosas.
Se acercó al clóset y lo abrió de golpe.
No había ni una sola de sus prendas, ni sus zapatos, ni siquiera el pequeño bolso donde guardaba sus documentos. Solo perchas vacías y el olor a limpio.
—¿Qué...? —susurró aturdida.
Salió al pasillo casi corriendo y detuvo a la primera doncella que vio pasar.
—Disculpa... ¿Dónde están mis cosas? Las que estaban en esta habitación.
La joven la mi