10. Hablemos claro
—Marco…
—Respóndeme o no me iré.
¿Estaba manipulándola?
¡¿Cómo se atrevía?!
¿Y por qué esa mirada depredadora le gustaba tanto?
Jamás había imaginado que el señor Ricci pudiera llegar a ser un manipulador.
Pero eso lejos de asustarla, le encantaba.
—De acuerdo, iré. No quiero que me busques, puedo llegar yo sola.
Él asintió satisfecho dando un paso atrás aunque no se alejó del todo.
Sus ojos cayeron sobre su cuello al ver entre sus clavículas aquel collar que descansaba sobre su delicada piel le