Punto de vista de Adrián
Era temprano por la mañana, y los tonos dorados del amanecer se filtraban lentamente a través de las cortinas, tiñendo la habitación con un cálido resplandor. Me encontraba junto al armario, ajustándome la corbata, mientras mi mirada se desviaba hacia Valentina. Estaba tendida en la cama, con su cabello dorado despeinado sobre la almohada, respirando suavemente en su tranquilo sueño. Sentí una punzada de culpa mezclada con afecto. Se veía tan serena, completamente ajena a la tormenta que se gestaba dentro de mí.
Me incliné y le di un suave beso en la frente. Se movió ligeramente pero no despertó.
—Te veré más tarde, cariño —susurré antes de incorporarme y bajar las escaleras.
El aroma del café recién hecho me recibió al entrar en la cocina. Los recuerdos me golpearon inesperadamente... recuerdos de Sofía moviéndose por esta misma cocina, con el pelo recogido descuidadamente, una leve sonrisa en sus labios mientras preparaba el desayuno. Por muy tensas que hubie