Punto de vista de Adrián
Ella no puede saber que estás aquí por ella.
—¿Dónde está Sofia? —solté sin poder contenerme. Vi que la señorita Esperanza estaba a punto de decir algo, pero Mateo la interrumpió.
—Ah, fue al baño hace un rato.
Asentí y me bebí mi trago de un solo golpe, intentando calmar la tormenta que se gestaba dentro de mí. El alcohol me quemó la garganta, pero no hizo nada para extinguir los celos que encendían mis venas. Justo entonces, sonó mi teléfono. Miré la pantalla y sentí que una sonrisa tiraba de mis labios a pesar de mi mal humor.
—Hola, amor. ¿Cuándo vienes a casa? —la dulce voz de Valentina llegó a través de la línea.
—Hola, cariño. Estoy en el club con Mateo. Llegaré en una hora o dos —respondí, alzando la voz para hacerme oír por encima del retumbar de los bajos.
—Está bien, te estaré esperando. Nos vemos pronto —sonaba contenta.
—Adiós, amor —dije antes de colgar. Al darme la vuelta, mis ojos se posaron en una figura familiar en la pista de baile.
Sofia.
Se