Samara agradecía el hecho de haber podido dormir al menos dos horas más después de la pesadilla y todo era gracias al él. Nunca pensó que podría llorar frente a alguien con tanta facilidad, pero la situación la había superado.
Estaba sensible como la m****a con el embarazo, ahora tenía antojos de comer cualquier cosa que no le gustaba y el cansancio la abrumaba.
La vuelta al complejo fue inevitable cuando la lluvia se detuvo. Los caminos no estaban en la mejor situación, pero al menos podrían