Así, los días fueron pasando.
Aun sin tener paciencia alguna, Renato permaneció allí en observación, rodeado de cuidados que fingía no necesitar. Lorena estaba siempre cerca y, cuando necesitaba salir, dejaba a un enfermero encargado de todo, ya que no quería a ninguna mujer cerca de él. Aquello lo irritaba, pero no tanto como el silencio que venía de otra dirección.
Sara no apareció.
No llamó.
No envió siquiera un mensaje.
Mientras los medicamentos entraban en horarios cronometrados y los días