Al llegar a la habitación, Lorena vio a una enfermera ayudando a Renato a levantarse para el baño. En ese mismo instante, sintió crecer una molestia. Aquella escena no debería estar ocurriendo sin ella.
Aceleró el paso y, en un movimiento casi imperceptible, empujó a la enfermera a un lado, asegurándose de que Renato no percibiera el gesto.
—¿Por qué no me esperaste? —dijo, colocándose ya a su lado. —Yo podría ayudarte.
—Es solo la hora del baño, Lorena —respondió él, con calma. —No hace falta