Cuando despertó, Sara sintió la cabeza latir de dolor. Miró hacia el lado de la cama, buscando a Renato, pero no estaba allí. Despacio, con el cuerpo aún adolorido, se sentó y recorrió la habitación con la mirada, confirmando que estaba sola.
Por un lado, sintió un alivio en el pecho. No sabía cómo lo enfrentaría después de todo lo que había sucedido entre ellos aquella madrugada.
Aprovechando que estaba sola, se levantó despacio y fue a darse una ducha para intentar relajarse. Al mirar el suel