Sara Lemos.
—¿Qué crees que estás haciendo? —pregunté, empujándolo para alejarlo de mí.
—¿Qué pasó? —Él provocó. —¿No quieres hacer esto?
—Claro que no —respondí deprisa. —¿Por qué querría besarte?
Renato se apartó, esbozando una sonrisa cínica, como si se estuviera divirtiendo con mi reacción.
—No finjas que no sientes nada, Sara.
—¿Y por qué sentiría algo por un hombre que fue el prometido de mi hermana? —repliqué.
—Lo dijiste bien —respondió, sin perder la sonrisa. —Yo fui. Ya no soy.
—Para m