Yo estaba nerviosa, muy nerviosa. Sentía como si, en cualquier momento, una bomba estuviera a punto de explotar ahí mismo, en medio de aquel salón demasiado elegante para contener tanto caos.
Quería irme. Levantarme de la mesa, inventar cualquier excusa y huir de todo aquello antes de que fuera demasiado tarde. Pero no podía. Mis piernas parecían pegadas al suelo, y yo sabía que cualquier movimiento en falso llamaría demasiado la atención.
Renato estaba distraído, metido en la conversación, rie