Antes de acurrucarse junto a Sara, Renato sacó la cartera y el celular del bolsillo, colocándolos sobre la mesa de noche al lado de la cama. Luego, la atrajo bien cerca de él.
La sensación de estar envuelta en los brazos de Renato le trajo a Sara un consuelo inesperado, tan grande que, poco a poco, su cuerpo fue relajándose. Al inicio, se mantuvo tensa, atenta a cada movimiento de él, pero, diferente de lo que pensó, no hubo ningún intento de avanzar.
El brazo de él se deslizó despacio hasta su