Al darse cuenta de que ella empezaba a ceder, de que las barreras entre los dos se debilitaban, Renato no dejó escapar ese momento.
Con cuidado, acercó aún más su rostro al de ella, hasta que solo quedaron milímetros entre ambos.
—Ah, Sara… cómo quería oír eso —dijo, con la voz ronca, y entonces rompió la distancia.
Sus labios se tocaron.
El beso comenzó lento, casi vacilante, como si aún esperara que ella lo apartara en cualquier instante. Pero no lo apartó, no de inmediato. Por uno o dos segu