Al lado del fregadero, con un vaso de vidrio en la mano, sirviéndose jugo de uva, Renato estaba completamente ajeno al hecho de estar siendo observado.
Pero, en el momento en que se giró, se asustó con la silueta parada en la oscuridad y, del susto, el vaso se le escapó de la mano.
El vidrio cayó al suelo, haciéndose pedazos en varios fragmentos.
—Maldita sea… —murmuró, pasándose la mano por el cabello.
Como si hubiera sido traída de vuelta a la realidad, Sara se dio cuenta de lo que había ocur