Con las piernas pesadas, Sara bajó del taxi como si su cuerpo estuviera atrasado con respecto al resto del mundo. La fachada de la casa de sus padres estaba exactamente como siempre. Era extraño cómo un lugar podía parecer igual y, aun así, ya no ser el mismo.
Antes de entrar, se detuvo por un instante. Su mirada se quedó fija en la puerta principal. Una opresión le apretó el pecho con tanta fuerza que, por un momento, le faltó el aire. No pretendía volver tan pronto, y mucho menos de esa manera