Una semana. Había pasado una semana desde que Renato fue hasta la casa donde Sara estaba viviendo con Alessandro. Desde aquel día, todo lo que le quedaba era el silencio y la terrible angustia de la espera.
Cada hora parecía más larga que la anterior. Renato sabía muy bien que Alessandro estaba haciendo aquello deliberadamente. Era el tipo de juego que él adoraba: dejar a la víctima inquieta, consumida por la duda, sin saber cuál sería el próximo movimiento.
Y aquello funcionaba, porque, por má