Cuando entró en la habitación que compartía con Renato, Sara lo encontró cambiándose de ropa. Ver aquellos músculos al descubierto hizo que un escalofrío le recorriera el cuerpo, pero se obligó a mantener el foco; no era para eso que estaba allí.
—¿Ya terminaste tus llamadas? —preguntó, acercándose con cierta timidez.
—Sí.
Ella respiró hondo, reuniendo valor.
—¿Podríamos hablar un poco?
Renato la miró por un instante, luego tomó la camisa y se la puso.
—Podemos hacerlo en la mesa. ¿Qué te parec