En la ciudad, hospedada en un hotel, Lorena miraba el techo desde hacía largos minutos, como si pudiera darle alguna respuesta. Estaba exhausta de aquel vacío, de aquella espera que ya duraba semanas. Hasta entonces, Renato no había dado ninguna señal de que deseara su regreso a la casa.
—Maldición… —murmuró, apretando las sábanas entre los dedos.
Cada vez que el recuerdo de Renato y Sara se formaba en su mente, riendo juntos, compartiendo espacios, creando una intimidad, la rabia crecía, densa