Liana Clinton
Liam me dejó en casa a las dos de la madrugada. Estaba cansada, con los pies gritándome que me quitara las zapatillas y mi piel estaba pegajosa por todas las veces en las que sudé y volvió a secarse sobre mi piel.
Había bebido mucho, pero Liam encontró para mi botellas de agua que me ayudaron a mantenerme cuerda durante toda la noche. Y aunque moría de hambre el sueño era más grande, así que terminé dormida sobre mi cama completamente desnuda prometiendo que cambiaría las sábanas