Harper sentía un nudo en la garganta. No quería enfrentarse a la verdad que se cernía sobre ella y su matrimonio. Lo único que deseaba era que Brake se marchara y la dejara sola con su dolor. Necesitaba llorar sin contenerse y luego sumirse en un sueño profundo, del que ojalá nunca despertara. Pero sabía que su esposo no se iría sin escuchar una explicación de sus labios. Y ella se la debía, por mucho que le costara.
Así que le indicó con un gesto una silla al otro lado de la mesita, a cierta d